¿Es posible defender un proyecto de vida de acuerdo a valores sin resultar un ingenuo?

Analizando mi objetivo en el proyecto de empleo en CEDIA me doy cuenta de lo complejo que es formular un planteamiento a las personas que están actualmente acogidas en un contexto de exclusión que les ayude a percibir el trabajo como un valor en sí mismo para su desarrollo personal. Muchos ya han asumido ese valor, lo que falla tal vez sea un elemento motivador muy difícil de incorporar. Si no consigo transmitir el valor del trabajo en si mismo como un elemento constitutivo de un proyecto vital para ellos y su desarrollo personal, todo lo que intente enseñarles sobre búsqueda 2.0, técnicas de entrevista, modelos de C.V’s, caerá en saco roto.

¿Cómo convencer a alguien que lo ha perdido todo de que merece la pena seguir formándose, buscando trabajo y tener una actitud permanente aprendizaje? Es muy difícil de responder. Pero de lo que sí estoy seguro es que no funciona principalmente la motivación de encontrar un trabajo a corto plazo. Si todo se basara en aplicar unas técnicas de búsqueda de empleo, no sería necesario, ni siquiera impartir un taller, bastaría con enseñarles unas técnicas informáticas básicas y poco más. Pero tengo la impresión que todos intuimos que un taller de empleo requiere de más enfoques que los meros técnicos y metodológicos. ¿Cuál es ese enfoque que realmente necesitamos en muchas parcelas de nuestra vida? Se trata del enfoque de reconstruir unos valores que nos orienten hacia lo que el filósofo, Jose Antonio Marina, definía como un proyecto inteligente: la felicidad. Debemos asumir el valor del trabajo en si mismo como un elemento esencial en nuestro desarrollo personal, independientemente del tipo de trabajo que desempeñemos. No al revés.

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La felicidad no es más que un proyecto inteligente y el camino más corto y sostenible es generar una serie de valores que nos ayuden a conseguir ese objetivo. A la pregunta de: ¿se puede defender un proyecto de vida de acuerdo a valores sin resultar un ingenuo? Mi respuesta es que sí. Además incluyo que lo que realmente es ingenuo es plantearse una existencia en este mundo ajena a los valores. Primero debemos determinar nuestros principios y veremos como entramos dentro de un sistema de valores nítido y claro.

¿Podemos construir un proyecto inteligente basándonos solamente en alcanzar un buen puesto en una empresa?

¿Podemos construir un proyecto inteligente exclusivamente ganando mucho dinero con alguna ocupación?

¿Podemos construir un proyecto inteligente volcando el cien por cien de nuestro tiempo y energía en una relación amorosa?

Son reflexiones y preguntas que tal vez nos ayuden a tejer nuestra red de valores de una forma más eficaz. Tal vez sea necesario separar los códigos morales (de una comunidad) de los principios éticos (carácter universal), de los meros principios (particulares) que son los que van a conformar nuestra construcción de una serie de objetivos alcanzables con un sistema de valores que únicamente podemos intuir como algo bueno, razonable y alcanzable.

A medida que voy madurando y mejorando mi capacidad de observación, veo que la mayoría de los problemas éticos que nos encontramos son universalizables, a pesar del imbricado devenir de los diferentes sistemas morales que nos hemos encontrado. Volviendo a Jose Antonio Marina, se distinguen 9 problemas éticos universalizables:

 1) el valor de la vida

 2) la relación del individuo con la comunidad

 3) la propiedad de los bienes y su distribución

 4) el poder y su ejercicio

 5) el modo de resolver los conflictos

 6) la sexualidad, la familia y la procreación

 7) el cuidado de los débiles

 8) la relación con los extranjeros;

 9) la relación con el más allá

Si analizamos uno por uno cada uno de los epígrafes veremos que lamentablemente la mayoría de ellos no han podido ser resueltos por la enorme cantidad de sistemas normativos y morales que nos encontramos en la actualidad. Ni de lejos han podido ser ni siquiera abordados por la clase política de una forma satisfactoria. Decia Ortega que los dos grandes problemas de la humanidad sobre los que todo el mundo tiene una opinión, política y amor, son los que peor funcionan.

Cuando intento explicar que el trabajo en sí mismo es un valor, no hablo de conceptos de retribución emocional o económica, simplemente porque estos criterios son perecederos y estacionales, como bien saben los Responsables de Recursos Humanos de las grandes compañías.

180px-Yuppie_HandbookHemos construido un valor del concepto de trabajo absolutamente artificial y caprichoso en las sociedades occidentales desde que el mundo de los yuppies norteamericanos  de los ochenta generó esa visión clasista y hortera de la valoración de la persona. Más que artificial y caprichoso, tal vez hemos construido un concepto del trabajo basado en la idea de que el trabajo es el elemento definitorio y vertebrador de la persona; incluso vinculando el valor de una persona de acuerdo a su estatus y retribución económica. Hoy sabemos que el ciclo de motivación vinculado a incrementos salariales dura bastante poco en la mayoría de los casos.  Veremos en otro post el funcionamiento del ciclo de la motivación. 

Actualmente los departamentos de formación de muchas empresas están vislumbrando que las ocupaciones de las personas y sobretodo sus lealtades no son constantes y es necesario que los departamentos funcionales (a través del departamento de formación) de las empresas se centren en el desarrollo de competencias a través de cursos de Coaching que centren sus esfuerzos en que los empleados puedan sacar lo mejor de si mismos independientemente de su situación personal, puesto desempeñado, etc. Pero también y sobretodo debería de ser a través de la selección de candidatos que puedan generar un marco para generar esos valores. Para quien haya tenido la suerte de asistir a una sesión de Coaching, se trata de una vuelta, tal vez algo encubierta a los valores en alza actualmente: la creatividad, auto confianza y la constancia, pero de una forma divertida.

Por lo tanto, a juzgar por el auge que tienen los cursos de Coaching personal, empresarial, las sesiones de mediación para resolver conflictos familiares y la gran cantidad de blogs, revistas y recursos de información que tienen el objetivo de hablarnos de nosotros mismos desde nosotros mismos, podemos establecer la conclusión de estamos en una tímida vuelta a los valores. Un coacher puede ayudar a un proceso de autodeterminación personal.

“Lo importante es que ese proceso de autodeterminación sea sostenible y fuerte. Los valores como autocrítica, capacidad de aprendizaje del fracaso consolidan nuestra evolución personal.”

Es decir, necesitamos que alguien externo nos recuerde la importancia de pertenecer a un equipo, empresa o a una organización porque en el fondo, ya pocos nos creemos que en sí misma la actividad que desarrollamos para una empresa sea uno de los componentes de nuestra felicidad. Más bien es probable que la propia actividad laboral sea algo más secundario de lo que creemos. Cabe decir en defensa de los departamentos de recursos humanos actuales que el entorno de la empresa no debe de ser en esencia el elemento motivador y que se encargue de estructurar en exclusiva el bienestar del empleado.

Para finalizar de momento quiero acabar con una super frase de Albert Einstein,

“Intenta no volverte un hombre de éxito, sino volverte un hombre de valor”.

Continuará…

Recomiendo la siguiente lectura del genial filósofo, Jose Antonio Marina

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