Madrileños por Madrid

Ya han dejado de sorprenderme los spots de programas como “Madrileños por el mundo” o “Españoles por el mundo” en el que te presentan a un paisano simpaticote, extravertido y excelente conocedor de la cultura local, pasándolo en grande en alguna playa paradisíaca de algún país o isla remota. Uno se lanza a ver el programa y durante una hora se pregunta, “¿Qué demonios hago yo en España?

 Es inquietante ver como las televisiones públicas y nacionales han generado estratégicamente unos programas que no son más que la proyección de la desidia de los políticos por no tener una estrategia clara sobre el desempleo. Me da la impresión de que hay una operación orquestada para que los españolitos desempleados de a pie, hagan las maletas y se busquen las castañas en algún país que a lo mejor ni siquiera forma parte de la OCDE y que no le va a recibir con los brazos tan abiertos como te hacen ver en el programa. El contenido del programa y las personas que salen en él me parecen correctos y merecedores del máximo de los respetos. Lo que no me gusta tanto, es el mensaje de fondo que transmite: “Qué haces ahí sentado? Coge las maletas y vete”. Da igual que no tengas ni idea de inglés, que no tengas estudios, o que estés más bien justito de pasta. Llegarás al país y pronto estarás trabajando y con una casa de doscientos metros cuadrados.

Servidor hizo lo propio. Yo probé suerte en Holanda y no me arrepiento. Ha sido interesante pasar unos meses fuera de España y conocer las fortalezas y debilidades de uno mismo de una forma más nítida. En  mi caso, a pesar de una búsqueda extenuante de trabajo, no tuve la suerte de encontrar nada. Lo más interesante, ha sido comprobar la necesidad que tengo de mejorar mi nivel de ingles y mi  formación en general, y saber que la ética del trabajo y el esfuerzo está absolutamente implantada en esos países. Tal vez y siendo sinceros, en España, no somos un referente de dichas virtudes. He podido comprobar la voluntad de los  holandeses en aprender varios idiomas aparte del holandés y el inglés, en mantenerse permanentemente formados y actualizados. No es una cuestión de criticar a España por criticar, pero es cierto que estamos a años luz de ellos. Mi lección más importante y uno de mis objetivos que he tenido a mi vuelta es ayudar y contribuir en la humilde medida de mis posibilidades a que seamos un país más innovador, más abierto y más fiable en general. Tenemos que cambiar muchos hábitos en general, pero tenemos potencialidades que bien explotadas podrían abrirnos puertas en pocas décadas.

 Bien es cierto, que hay muchos profesionales españoles, reconocidos y valorados en muchos países: médicos, enfermeras, investigadores, ingenieros e informáticos. Hay muchos viviendo razonablemente bien y con muy buenas condiciones económicas. Es cierto, que si tu formación no se encuentra entre estás especialidades, te costará el doble encontrar una salida profesional en la mayoría de los  países competitivos de la Unión Europea o Estados Unidos.

 Quería dedicar este post a los madrileños en Madrid,  que día a día vencen a la desidia del paro y buscan y buscan incansablemente trabajo dejando currícula en bares, cafeterías, en ETT’s. Aquellos parad@s que no rechazan tomar una caña con sus amig@s, exhibiendo su mejor chascarrillo y mejor cara ante las dificultades. Esos madrileños de los cinco continentes, que con acento vallecano, caribeño o mandarín se erigen en madrileños por el mundo, por ese mundo alegre, mestizo, paralelo que se crea en los barrios de Tetúan, Lavapiés, Arganzuela o Carabanchel.

 Yo, feliz de haber vuelto, disfruto de la satisfacción de la lucha diaria, de los paseos por la Puerta del Sol, San Jerónimo y Alcalá, de la croqueta y vermú en Casa Labra con mi gente y del bullicio multi-dialectal de sus calles. En la imponente azotea del Círculo de Bellas Artes, observo los atardeceres del Madrid resistente, que como una bola de fuego naranja y malva, se apaga en el cielo rojizo, apuntando los primeros destellos de una ciudad viva y noctámbula. Y yo me digo… -Aquí me quedo y que sea lo que Dios quiera.

Commentarios (2)

  1. Interesante reflexión amigo Fernando. Cambiar de aires siempre es positivo, más aún si donde vas te sientes más reconocido (al habla un investigador), pero las raíces de uno, para lo bueno y para lo malo, nadie las pueda cambiar. Ay esas cañitas como se echan de menos!!
    Un abrazo crack!
    Gonzalo

    PD. Una vez vi un español por el mundo que estaba harto de su vida en la isla exótica de turno y quería volverse a Madrid. Con dos narices!!

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